A mis tristes meretrices del Parque Ayacucho le quitaron hasta las ganas de trabajar

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Por: Otilio Rodríguez

–Ejercer el oficio más antiguo en un país diezmado por la pandemia y la hiperinflación, ya no es una forma rentable para las mujeres que tradicionalmente ofrecían sus servicios sexuales a cambio de unos cuantos billetes.

Al recorrer el mítico Parque Ayacucho de la ciudad de Cumaná, decidimos entrevistar a tres mujeres y un travesti que a diario recorren dichos espacios a la caza de hombres con alguna necesidad afectiva.

Violeta Aguilera, es una madre soltera. Con apenas 22 años, tiene bajo su exclusiva responsabilidad  a cuatro hijos de tres parejas diferentes; la hembra es la mayor (8 años de edad) y el resto son varoncitos de 5,4 y 2 añitos.

Comenta que utilizar el tapabocas y el preservativo, no basta. La delincuencia y los proxenetas, son sus más fieros enemigos. Pero asegura que la falta de efectivo y la crisis económica, la tiene pasando hambre y penurias. En 2018 intentó retomar sus estudios universitarios en la Misión Sucre, pero una noche cuando veía clases, la llamó una vecina para decirle que había ocurrido un enfrentamiento entre bandas criminales en su comunidad, «Lomas de Ayacucho».

Flor Fonseca, ofreció su testimonio con lágrimas en su rostro. Ella cuenta con 43 años de edad. Sus tres hijos son mayores e independientes, pero su única hembra murió hace cuatro años, de VIH. Actualmente tiene a su cargo la bebé de su hija fallecida. Confesó «no disfrutar para nada su trabajo». Flor dice que a diario debe enfrentar situaciones adversas que pasan por acostarse con hombres borrachos, mugrosos, adictos a las drogas y con actitudes morbosas. La mayoría de las veces no quieren pagar la tarifa de 3$ mínimos.

Rosa Portugués, es nuestra última entrevistada. Al principio se mantuvo esquiva y al margen. No quería compartir su testimonio. Pero finalmente accedió con una sonrisa. Es una morena de 1:75cm y esbelta silueta. Aseguró cobrar 10, 15 y hasta 30 dólares por sus “servicios”, según el cliente y gustos que exija. Confiesa ya no tener ganas de trabajar por muchas razones: los clientes buenos desaparecieron.

Esta historia continuará …….

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