Agustín Blanco Muñoz/ !!Venezuela enferma!!

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Es la misma acción iniciada en 1492, cuando los españoles enfermos de poder impusieron el primer e inmenso sufrimiento. Los supuestos descubridores-civilizadores mostraron su superioridad ante “el salvaje”, endeble y débil “descubierto”. Millones murieron al resistir la razón expresada en lanzas y cruces. Y los sobrevivientes pasaron a ser piezas al servicio de otros dueños.

Tres siglos después, los nacientes patriotas expulsan el gobierno español e instalan una Junta Defensora de los Derechos de Fernando VII, el derrocado monarca español. Es la siembra de un negocio político aún vigente.
Desde un inicio la independencia es un privilegio de la oligarquía que tiene en el partido militar de los jefes caudillos-libertadores su gran soporte. De la jefatura de Bolívar a hoy es el mismo partido, salvo que ahora pasó a ser el verdadero poder, marcado por la enfermedad que establece el dominio sobre la pobreza, que hoy se califica como democrático y socialista.

Las cúpulas de la polarización, acompañadas del mayor simplismo político e ideológico y con gran capacidad de negociantes, encabezan y esparcen la tragedia. El colectivo social-pueblo, sin organización ni discurso propio, está penetrado por la frustración y obligado a profesar lealtad para sobrevivir.

Y así los mercaderes de gobierno y oposiciones buscan, sin rubor ni frenos ético-morales, acordarse con el imperio respetando los derechos del monarca Trump. El 23 de enero de 2019 es el apoyo al movimiento Voluntad Popular-Guaidó que garantiza apoyo militar para derrocar la revolución.

Ocho meses después, visto el fracaso, el imperio parece querer pactar con el régimen para cerrar un frente que por los momentos no puede ganar sin pasar por un conflicto internacional, entre otros, con Rusia, China, Turquía e Irán. Sancho, ¡las enfermedades del imperio y Venezuela crecen y nos destruyen!

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