Alí Mata Morales / La ciencia ortodoxa

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 LA CIENCIA ORTODOXA

Por Alí Mata Morales (*)

***Dados los momentos angustiosos actuales, en los que un virus sin cura aparente ataca el planeta, me parece conveniente traer a colación hechos históricos que en el pasado hicieron mella en el sentir de los seres humanos. Veamos: después de Isaac Newton, muchos físicos afirmaron que todo estaba dicho en materia de conocimiento científico y que por ende no quedaba ya nada por descubrir; mas luego apareció la física cuántica y destruyó esta teoría. De igual manera, pocos años antes de elevarse el primer globo, reconocidos científicos afirmaban que nada que fuera más pesado que el aire podría volar; sin embargo, en corto tiempo los hermanos Wright se encargaron de desmentir tal atrevimiento.

Aún hoy, egiptólogos oficialistas continúan asegurando, a pesar de las muchas investigaciones demostrativas de lo contrario, que las pirámides de Egipto, monumentos que desafían lo más avanzado de la ciencia de la actualidad, fueron construidas hace 4.500 años, aún en el Neolítico, por seres que desconocían la escritura y utilizaban solo herramientas de piedra. Es decir, el ser humano, tal vez por intereses mezquinos, o cuando cree haber agarrado a Dios por las barbas, obstruye su mente indagatoria, se convierte en ser dogmático y repite el mismo proceder de un pasado errático. Como alguien afirmara: “Pueblo que no conoce su historia está condenado a repetir los mismos errores del pasado”.

Ahora, aparecido el popular Coronavirus, algunos médicos, aún en total desconocimiento de una cura definitiva, se empeñan en afirmar la imposibilidad de que un remedio casero o natural pudiera utilizarse de manera eficaz o como simple medio preventivo del Covid-19, y desdeñan como falsa la posible efectividad de la medicina que emana de las tradiciones familiares calificándola de simple brujería, metiendo en el saco del olvido el trabajo de Hipócrates, que, en comparación con los descubrimientos médicos actuales, no pasaría de simple especulación, pero de la que no obstante emana la medicina moderna. Es decir, no existe, según ellos, más ciencia que la ortodoxa, la oficial, y de esa manera su memoria se obstruye y se olvida de las veces que en procura de fármacos efectivos innumerables investigadores científicos van a las selvas amazónicas a hurgar en la sabiduría ancestral de los brujos tribales.

Por supuesto, la ciencia es producto de mentes osadas, de aquellos hombres y mujeres que se atrevieron a desafiar la ortodoxia, de seres que se opusieron a lo definitivo e investigaron en lo desconocido, que no tuvieron miedo a enfrentar las afirmaciones de los muchos que, llámense clérigos o científicos, siempre han creído ser dueños de la verdad absoluta. Lamentablemente, muchísimos científicos en la actualidad continúan comportándose en forma tan obtusa como meros monjes de la Edad Media. Creo en la ciencia, no en el conformismo seudocientífico: “Aquél que cree saberlo todo no sabe nada”.

La evolución, la ciencia, el progreso, son productos del inconformismo. A la medicina, a la ciencia en su conjunto, le falta todavía un largo camino por recorrer: de nada puede afirmarse científicamente en la actualidad como solución definitiva. Avanzar, aun con temor, es lo prudente.

(*)Alí Mata Morales, cariaqueño residenciado en el estado Bolívar

 

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