Anhelo colectivo

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Incapaces de asumir siquiera la defensa de sus propios intereses, la voz del liderazgo político opositor electoralista ha carecido de reciedumbre, para denunciar las perversidades del irrito TSJ y del parapeto que se ha empeñado en llamar CNE, que no sólo atenta contra la institución del voto, sino que convierte lo que debería ser un proceso electoral en una partida en la cual Maduro tiene licencia para marcar los dados.

Al margen de la heroica resistencia de algunos opositores, los miembros de las directivas ad hoc de los símbolos secuestrados lucen desubicados. No logran establecer sintonía con el anhelo colectivo, que posee signos tan evidentes. Ridículamente, la batalla por la unidad; ha dado lugar a un debate vacío, grotesco, a puertas cerradas, cogollérico, excluyente, ahíto de la misma prepotencia que se critica hacia el otro lado. No hay altura ni en el discurso ni en la actuación. Sólo ambición desmedida. Cero desprendimientos.

Nula gallardía

En medio de esta ausencia de grandeza política de la cual nos ufanábamos los venezolanos, cuando hablábamos de Betancourt, Jóvito o Caldera, Maduro teje y desteje. Su última jugada ha sido la de montar una especie de “feria del perdón” muy lejos de una sensata acción de reconciliación. Con el asesoramiento de Cuba, maniobra con habilidad; La casa por cárcel concedida al diputado Juan Requesens, quien llevaba más de dos años preso sin ser juzgado por un supuesto atentado a Nicolás Maduro, fue seguida por el indulto y la liberación de 110 personas judicializadas por supuestos delitos políticos, la gran mayoría de ellos diputados de la Asamblea Nacional.

La feria atrajo jugadores y, un raro ajedrez comienza a desarrollarse en las entrañas de la oposición venezolana, dejando sobre el tablero las profundas diferencias entre quienes dicen adversar a este régimen de terror y tragedia.

Mientras, el régimen juega y monta el jaque en un proceso con partidos secuestrados y opacidad absoluta, los anti régimen se montan en el realismo mágico de ilusa participación electoral, intervención extranjera y sanciones, en tres ideas dispensas y sin organización.

Se juega de espaldas al país que reclama unidad superior por encima de las apetencias individuales y grupales.

Realismo político: reagrupar las fuerzas, forzar un aplazo temporal de las elecciones parlamentarias, lograr mejores condiciones electorales y sanitarias y, participar con una clara opción de triunfo que de al traste con la manía de eternidad del régimen. Escuchemos la voz del anhelo colectivo. Por: César Malavé.

@cesarmalave53

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