Por Beltrán Vallejo

Se fue un hombre de visión y comprensión de los procesos políticos como muy pocos en la historia patria; se nos fue Teodoro Petkoff.  Todavía guardo en mi biblioteca su meridiana influencia; guardo una elaboración tan polémica para aquellos tiempos de catedrales dogmáticas en lo ideológico, como lo fue su libro Checoslovaquia: el socialismo como problema. Apenas me enteré de su muerte, me fui a buscar ese texto.  Entonces digo, fue un hombre de verdades; que más verdad que su vida rebelde. Entonces, la mejor manera de honrar  a Teodoro, es  sincerar la política,  algo dificilísimo en estos tiempos de tantas miserias, y especialmente esas, las de la política.

Se nos fue Teodoro. En esta época de machitos de carmín y pintalabios en política, no se recuerda que éste, que acaba de fallecer, no solo tenía labia y escritura como un Unamuno, también tenía testículos;  ¿o es que no se acuerdan de su lucha contra la tiranía perezjimenista, su lucha guerrillera en la ciudad y en el campo?; ¿no se recuerda  su espectacular escapatoria del Cuartel San Carlos? Teodoro fue una novela de aventuras. Sí, quiero destacar esto en  momentos de tantos cobardes.

Se nos fue Teodoro, el clandestino, el guerrillero, el ensayista,  el parlamentario, el articulista, el candidato, el polemista, el ministro, el creador de Tal Cual. Este es un benemérito del pensamiento político; lo digo sin ditirambos, porque no fue hombre de artificios. Me sale rugirlo en estos tiempos de enanos, chacales, buitres y lombrices de la política; me sale decirlo en estos tiempos de tanta oscuridad sobre un pueblo mayoritariamente entregado en su anomia social; me sale decirlo porque sé que perdimos el que precisamente hace falta ahorita y hará falta mañana.

 Reitero, ¿cómo hace falta Teodoro Petkoff? Hoy, cuando la  honestidad intelectual y política han sido sustituidas por lo innoble,  por la mendicidad moral, y por la pillería y la majadería, se impone el final físico de este hombre que tuvo una lenta agonía en medio de sus dolencias y enfermedades, por lo que siento que en todo este tiempo él estuvo muy solo; ¿pero qué gran hombre no está solo en esta tierra donde reinan las tinieblas?

Se fue el Teodoro de las frases; se recuerda aquella de “estamos mal pero vamos bien”, una expresión de cuando fue Ministro de Cordiplan durante el gobierno de Caldera; se trató de un comentario que rompió todas las formas que debieran ser propias del máximo funcionario de estadísticas y cifras para aquella época; pero en fin, fue un heterodoxo o un fanático de la originalidad personal. Pero la expresión que más caló, y que es como el hierro candente que se le pega al ganado, fue la de “…yo los espero en la bajadita”. Recuerden que esta frase cayó como una sentencia en aquella famosa Asamblea Nacional del Mas, en Parque Central, cuando dicha organización se enfrentó a su fundador y decidió apoyar la candidatura de un fulano llamado Hugo Chávez. Caramba, lo que no se sabía es que esa “bajadita” tenía forma de precipicio. De esta manera, una izquierda ponderada y gramsciana abandonó la prudencia, e igual que la mayoría de la sociedad venezolana, se extravió, y hoy nos mata la mayor equivocación de la historia patria. Pero ahí estuvo Teodoro, advirtiéndole a su partido, y advirtiéndole al país, y no se le escuchó.  El mayor pecado de un pueblo es no hacerle caso a sus profetas.

Sé que algunos se ríen de esta muerte; pero cuidado, también a ellos  Teodoro los espera en la “bajadita”.

BELTRÁN VALLEJO

Vallejobelis3@gmail.com

 

 

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