Por Beltrán Vallejo

 

 

Mientras el mundo se percata de que los pueblos de varios países  no son sumisos ante los atropellos y errores de sus gobiernos, parece que aquí en Venezuela se impuso una paz social enfermiza, una pesada cobardía colectiva, un individualismo atroz y un pueblo contra pueblo,  sin arañar siquiera al responsable verdadero de todas nuestras desdichas: Nicolás Maduro.

 Veamos a los hongkoneses, que llevan meses tomando las calles en defensa, ni siquiera de reivindicaciones económicas ni sociales, sino de sus derechos políticos, agitados por el avance opresor de la tiranía china que intenta  restringir sus libertades y tener más control sobre la ciudadanía, como el que impone sobre millones de chinos en la tierra continental.  

Igualmente, el pueblo haitiano, cansado de tanta pobreza, ha detectado como origen de sus males la corrupción asfixiante que impera en su clase política, enriquecida precisamente desde una fuente llamada “petrocaribe”, un foco de corrupción con ingrediente madurista y chavista, generando que las masas populares tomen las calles del país más pobre de América, quizás hasta del mundo.

Aunque no compartimos el planteamiento feudalizado y supremacista que impera en la agitación callera del independentismo catalán, hay que reconocer que una parte de esa sociedad ha mostrado sus garras, su combatividad, su acción denodada. Por otro lado, es innegable que el Estado español no ha tenido la capacidad política para abordar esa realidad, y ha preferido la represión, la judicialización de la política, la soberbia y el palo.

Y lo que sacude a Suramérica, también encumbra la capacidad que tienen los pueblos cuando se levantan y dicen ¡ya basta! Pues me quito el sombrero ante el pueblo indígena del Ecuador, que demostró una vez más su capacidad de movilización y de resistencia para frenar un gobierno que ha cometido el error de caer facilongo en el canto de sirenas de la tecnocracia fondomonetarista al quitarle los subsidios a la gasolina, porque parece que cuando se trata de afincar medidas de austeridad y disciplina fiscal, el FMI y el gobierno miope las impone sobre los más pendejos y los más pobres; pues no, ¡viva la lucha de los pueblos indígenas de Ecuador!

Y ahora, lo de Chile, ¡oh sorpresa! porque se supone que esta era la “tacita de plata de Suramérica”, casi catalogado como un país del primer mundo por su prosperidad y por sus índices macroeconómicos, unos fríos datos que escondían la realidad de una nación golpeada por la desigualdad económica y el alto costo de la vida. Pues bien, el chileno sufre los embates de un estallido social, y la respuesta de Piñera, quien activó esa bomba con la “buena idea” de un grupo de tecnócratas de subir el precio del pasaje en el Metro, ha sido la militarización y la plomamentazón, como en los tiempos del funesto dictador Pinochet.  

Y allá están los bolivianos en las calles, protestando para frenar la pretensión eternizadora en el poder de un Evo Morales sinvergüenza, que no contento con burlarse del referendo constitucional donde el pueblo le dijo no a su reelección, ahora quiere entronizarse a fuerza de marramucias de un órgano electoral que no encuentra como explicar que una tendencia indetenible hacia la segunda vuelta, por obra y gracia de duendes, ha vuelto a postrar a Evo en la presidencia. Pues no, el pueblo boliviano también dijo ¡ya basta!

Que asuma entonces nuestro liderazgo político opositor a Maduro la lección que nos dan esos pueblos, y que también lo asuma el pueblo venezolano mayoritario, que sufre en los hospitales, que adelgaza copiosamente, que no tiene zapatos para ir al trabajo, que no tiene para pagar un pasaje, pero que está sumiso, arrodillado, resignado a vivir como mendigo de un régimen indolente.

¿Dónde está la huelga general tantas veces anunciada? ¿Para dónde diablos se fue la protesta nacional?

BELTRÁN VALLEJO

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