Caracas 02 de noviembre de 2019.
Señores.
Omito los títulos, porque hoy día, todos los venezolanos tenemos serias dudas de la autoridad que ejercen.
Honestamente no se sabe si el parlamento legisla, y si el ejecutivo manda.
Los hechos son evidentes: El país naufraga en las más dolorosa y larga tragedia que hemos vivido. La peor. La más bochornosa. La más dramática. Y la más depredadora de todas las crisis de la cuales tengamos memoria.
Cada uno de los venezolanos conoce perfectamente hasta dónde ha llegado esta crisis, que todo lo derrota y que todo lo destruye.
Ustedes son la personificación de la estafa a ser un venezolano. Siempre los verdaderos venezolanos han asumido su papel ante la historia.
Paez, le dijo a Bolivar en un carta, que su Gran Colombia era una estafa. Un nido de pillos donde desde Santander hasta el más discreto funcionario robaban.
Así salvo su papel ante la historia.
Eso es un venezolano.
La reciente disputa sobre los bonos de Citgo, -una estafa en su emisión y otra en el cobro de sus intereses-, solo muestran que ustedes son muy parecidos en la concepcion que tienen del Estado.
Para ustedes el Estado es una piñata a la cual golpear, hasta que una vez despedazada en el suelo, hay que meterle mano, sin saber quién y con qué derecho, se llevan los juguetes.
Ustedes son unos asesinos.
El cadaver lo tienen al frente.
Murió el país donde impera la ley, y nació el pis donde impera la ley de la selva. Se acabó el país de las mesas con pan y nació el país de los platos vacíos. Se acabó el país del salario que algo compra y nació el país donde más vale imprimir un billete que su valor de compra.
Y todo esto tiene una génesis: El odio, la confrontación, la constante guerra y venganza que ustedes representan.
Ustedes representan el subdesarrollo.
Sí, subdesarrollo.
El subdesarrollo de considerar como un enemigo al que piensa distinto.
Si Venezuela no está donde debe estar, no es por culpa del país sino por responsabilidad de la vieja clase politica. De nuestras divisiones, de nuestros lastres históricos, de nuestros prejuicios ideológicos, de nuestros sectarismos.
Esa es la verdad que nadie quiere asumir.
Hemos sido incapaces para formular un balance honesto de los triunfos y fracasos del país. De sus debilidades y fortalezas. De sus errores y de sus éxitos.
La polarización, la violencia, la descalificación, todo eso ha fracasado.
Pero nadie quiere decirlo.
Ni Lòpez, ni Guaido, ni Maria Corina.
Ni Maduro, ni Diosdado. Los más beneficiados de ese catecismo.
Esa época ha terminado.
Ahora los venezolanos. Sobre todos los humildes de nuestro pueblo. Desde Petare hasta el barrio el Silencio donde nací, tenemos el desafío de poder transformar esta crisis en un escenario fértil. Este es el momento de aplicar la reflexión y la imaginación.
Es el momento de la idea, pero también es el tiempo de la creación y del atrevimiento. Es la hora de eliminar lo caduco y dar la bienvenida a lo que nace.
Es el momento de la audacia: creativa, de la innovación, del coraje.
Y el pueblo de VENEZUELA debe elegir el camino de la democracia. Y ese camino no es quemar , incendiar; ese camino es votar. Lograr una verdadera elección por encima del régimen y por encima de la vieja clase política.
El pueblo venezolano solo así decidirá por la transformación de nuestra decadencia. Por la superación de nuestros mezquinos desencuentros. Por el esfuerzo colectivo.
Y lo que como líder del Movimiento Prociudadanos propongo, es que el pueblo de VENEZUELA vote por la epopeya de la unidad nacional.
Quiero decirlo a la vieja clase política: la unidad nacional no se consolida detrás de proyectos hegemónicos, ni de actitudes paternalistas, ni de arrebatos pasionales, ni de emociones pasajeras.
El gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, no puede depender del mandato de un hombre, del capricho de un partido, de la imposición de un sector. Así que hay que pasarle por encima a Maduro y Guaido.
Los chavistas deben saber que están llamados a un tiempo más prometedor que ese laberinto que les propone Maduro. Y desde este lado, -yo el primero- decidimos pasarle por encima a la vieja clase política.
El Pais necesita reconciliación. Ya no más simulacros de reconciliación.
Un día, desde lo más profundo de mi calabozo en el Sebin , desde lo más sufrido de ver cómo Maduro y Cabello entregaban la casa de mis hijas al Padre NUMA Molina , desde lo más ingrato de mi cárcel, yo le pedí al Altísimo que me diera vida para que nunca mas algo así se repitiera.
Le pedí poder aprender a extender la mano abierta a mis adversarios, antes que cerrar el puño frente a un enemigo. Le pedí sabiduría para tender puentes de unión, antes que pasión para levantar paredes de discordia. Hoy, siento que aquel ruego comienza a cumplirse. Estoy listo.
Leocenis GARCÍA
Prensa Prociudadanos
www.prociudadanos.org

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