xxx  La honestidad, la obediencia y la tolerancia no son exclusivas de una ideología, raza o religión en particular, forman parte de una receta diaria que está al servicio de la convivencia ciudadana. Docentes en todo el país ven con preocupación la sustitución de valores humanos por materiales. La defraudación y el engaño se han apoderado de los códigos de ética. La política como ciencia social está en crisis. La corrupción, el sectarismo y la burocracia ocupan cargos públicos

Los principios morales y éticos que históricamente han marcado la línea de vida de los sujetos sociales representados por hombres y mujeres en todo el mundo vienen en decadencia como parte de una crisis sistémica de los valores que en el pasado eran deseables y necesarios, y que en el presente carecen de importancia ciudadana. Partiendo de esta apreciación sociológica esbozada por especialistas en convivencia social, es interesante resaltar los señalamientos de Enrique Soto, Sociólogo carupanero egresado de la Universidad de Oriente-núcleo Sucre, quien asevera que “los valores sociales se han deshumanizado en paralelo con la materialización que estos merecen de acuerdo a la condición social de la gente.

La perspectiva individualistaes una pandemia global generadora de conflictos inversamente proporcional al detrimento de la cooperación, el perdón, la honradez, el respeto a la vida, la palabra de honor, amor al prójimo, solidaridad, tolerancia, igualdad y familiaridad, entre otros atributos que aun están presentes como teorías ciudadanas y cristianas, pero que se han sustituido por valores materiales como el egoísmo, individualismo, la mentira, corrupción, odio, violencia, desengaño, impuntualidad, entro otros códigos antitéticos”, sostiene Soto.

Los valores humanos son un conjunto de apreciaciones y percepciones que determinan las normas y patrones sociales definidos individualmente de forma circunstancial y emotiva, pero orientados todos sobre el principio del respeto. En un aparte, Soto aclara que “esta conceptualización no agrega la depreciación o inmutación de los valores, por consiguiente los miembros de una sociedad son factores cambiantes que hoy lucha contra el egoísmo que fragmentó la humanidad desde los primeros tiempos”.

Los valores influyen en la actitud y comportamiento de los seres humanos constituyendo la guía moral y ética que padres y representantes delegan a sus hijos como un aprendizaje social estructurado desde los hogares y fortalecido en las aulas de clases. Sin embargo, la ausencia de esta práctica ciudadana tiene preocupado a docentes como Freddy Gutiérrez, quien propone incluir como cátedra diaria de las instituciones educativas públicas y privadas el tema de los valores divididos en tres facetas: ciudadanos, familiares y cristianos. De esta argumentación deriva el creciente debate que desde la UNICEF, viene desarrollando desde 1998 Carol Bellamy, directora ejecutiva de esta instancia supranacional comprometida a reforzar los valores humanos. “La codicia, el egoísmo y la insolidaridad parecen adueñarse de la conciencia colectiva”, esgrime Bellamy.

Pecados capitales     

En sintonía con lo antes expuesto deduce Enrique Soto, que la sociedad del municipio Bermúdez practica con regularidad la lujuria, la gula, la avaricia, la codicia, la pereza, la ira, la envidia y la soberbia, como parte de una cultura genuina de las sociedades capitalistas que penden de los vicios y antivalores. “A diario escuchamos expresiones como: ¡Ponme donde hay!, ¿Cuánto hay pa´ eso?, ¿A mí no me queda nada?, ¡Una mentira no hace daño a nadie!, ¡Ese no es mi problema!, ¡Me la va a pagar caro!, ¡Que vea él como resuelve!, ¡El dinero compra conciencia!, ¡No me duele porque no es nada mío!, ¡Todo tiene su precio!, todas las anteriores forman parte de los estereotipos propios de la sociedad capitalista”, puntualiza Soto.

A esta serie de apreciación de suma la falta de cortesía, el lenguaje del agradecimiento, la falta de lealtad, el valor positivo de trabajo honroso, el amor por los estudios y la tradicional caballerosidad ausente en las busetas, lugares públicos , entre otros inherentes al atributo del hombre ideal. A propósito de esta cualidad varonil deriva la fortaleza manifiesta en la mujer que prefiere estar parada en un colectivo de transporte y no aceptar que le cedan el puesto. Una dama cediéndole el puesto a otra dama es normal en la sociedad de Carúpano.

La función de los medios

“Una carga de emotividad contagia diariamente a los usuarios de medios que desde el internet, pasando por la televisión y el cine, consumen contenidos que en su mayoría impulsan los celos excitando la infidelidad a través de las telenovelas o reality show”, partiendo de la tesis que expone Armando Carias, docente jubilado de la Universidad Central de Venezuela y critico de algunos contenidos difundidos por canales internacionales que llegan a través de la señal ofrecida por las empresas por suscripción, surge el cuestionamiento a las “series adaptadas a la televisión como: Sin tetas no hay paraíso, La Reina del Sur, El Cartel de los Sapos, Las Muñecas de la Mafia, entre otras tantas promocionan desde el primer capítulo la figura del narcotraficante convirtiéndolo en héroe y no villano. Al mismo tiempo se explota el rol de la mujer como objeto al servicio de la pornografía y en un tercer plano se impulsa la violencia y la muerte como valor necesario para la supervivencia humana fundamentada en la lucha desleal por el más fuerte”, finaliza Carias.

Otro especialista que se suma al debate por el reforzamiento de los valores humanistas y no por la sustitución de otros valores que penden de lo material es el Historiador Gustavo Rodríguez, quien apuesta por que la familia asuma el rol protagónico de la educación, información y orientación de las menores de la casa. Rodríguez describe los valores como un bien común que la sociedad debe apreciar al punto que no exista forma alguna de negociar ante cualquier circunstancia la fidelidad, la honestidad, el pundonor, el respeto y la obediencia de los hijos hacia el padre o la madre. “No delegarle a la televisión la patria potestad de su prole, es una asignatura diaria que todas y todos deben aprobar en la construcción de una sociedad libre de violencia, inseguridad, sexo en adolescentes, drogadicción y engaño”, concluye Rodríguez.

La defraudación como código

En ese proceso de valorar lo material por encima de los atributos humanos surge otra argumentación que convalida como aprendizaje social Enrique Soto, sociólogo especialista en convivencia ciudadana. Se trata del engaño y la defraudación como valores subjetivos e indecorosos que entran en contradicción con la ética deontológica de las profesiones y la ausencia de la moral y las buenas costumbres que tradicionalmente fueron aceptadas como patrones de conducta.

El mecánico que promete solucionar el desperfecto de un vehículo y al final defrauda la confianza de su cliente devolviéndole el auto en igual o peores condiciones. El carpintero o albañil que exige a su cliente un adelanto para la adquisición de materiales y al final incumple con el compromiso adquirido. El funcionario público que extorsiona y chantajea al usuario de servicio solicitándole comisiones extras a fin de solventar un trámite legal o burocrático. El médico que traiciona su juramento hipocrático y juega con la salud de su paciente al punto de sugerirle acudir a su consultorio privado. El periodista que al servicio de intereses superiores traiciona el código de ética del periodismo venezolano convirtiéndose en un mercenario de la comunicación. El político que traiciona el voto de confianza depositado por sus electores y en pleno ejercicio comete actos de corrupción atentatorios a la necesidad de los más desposeídos.

De los ejemplos de defraudación antes descritos por Enrique Soto, donde los roles de defraudador y defraudado son sustituibles y circunstanciales, es imperativo discernir lo bueno y lo malo en nuestra ciudad de Carúpano que en su pasado reciente atesoraba entre su patrimonio social la ética como valor inajenable e inexorable heredado desde tiempos independentistas. Comenta Soto “que el municipio Bermúdez era sobresaliente en fraternidad, respeto, solidaridad, honestidad y amor por sobre todas las cosas. El modernismo trajo consigo los valores materiales direccionados en primer lugar por el egoísmo, el individualismo y la paciencia que son esencias primarias de convivencia colectiva”, finaliza Soto.

De la política a la politiquería

Una de las defraudaciones que más caracteres ha generado en los medios impresos y redes sociales es precisamente la actuación indecorosa de funcionarios vinculados a las instancias gubernamentales asignados por poderes públicos y de elección popular. La política como ciencia social es por naturaleza una expresión de afecto y amor hacia un colectivo que a cambio del valor de la confianza esperar ser retribuidos como otro valor denominado “bien común”. Aunado a esta premisa deductiva, brota la conceptualización esgrimida por Antonio Gramsci, periodista italiano que durante la era fascista de Benito Mussolini criticó el sectarismo, el burocratismo y la corrupción como expresión valorativa del individualismo. Al consultar con el politólogo carupanero Moisés Arrocha, viene como un recordatorio necesario los constantes e insistentes llamados de atención que sus discursos expresaba el presidente fallecido Hugo Chávez. “Una de las pocas batallas en las que Chávez no salió airoso es justamente la lucha por traducir a cero el fenómeno del sectarismo y el burocratismo enquistado en las filas del partido de gobierno. Otra de las derrotas que desafortunadamente no logró superar el presidente Chávez, fue sin duda alguna la corrupción que impunemente gobernaba a Venezuela”, afirma Arrocha.

Demandas sociales ante la crisis

De cada 10 carupaneros consultados08 demandan una mayor calidad de vida sobre estándares de ética y principio ciudadano y de convivencia, exige a las autoridades pasar del eslogan político de atacar la corrupción con hechos reales y concretos, reclama por políticas asertivas sustentadas en los preceptos bolivarianos que rezan un sistema perfecto dotado de la mayor suma de estabilidad social y mayor suma de felicidad posible. Exige justicia verdadera y castigo severo a los corruptos y agresores de la paz ciudadana. De los resultados obtenidos destacan los valores de una administración de justicia no al servicio de los poderes dominantes, hechos ejemplarizantes y reproducción de los valores de interés común antes que los valores materiales de interés individual. Otro valor común de los encuestados estriba en el valor dela reciprocidad como factor que fortalece el respeto individual y colectivo, la honorabilidad y la palabra con rango moral.

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