Cristóbal Guerra / En el borde del acantilado

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   EN EL BORDE DEL ACANTILADO

Por Cristóbal Guerra


En días de pandemia todo lo hecho se tambalea. Y como metáfora de la crisis tomemos como ejemplo a Victoria´s Secret. La lujosa marca de modas acaba de cerrar 250 tiendas en Estados Unidos y Canadá, porque el peso de las deudas amenaza con hundirla en el pozo sin fondo de la quiebra absoluta, y donde la esperan inquietas las facturas impagables.

Y así casi todo, exceptuando a Amazon, el despacho de cuantas cosas hay en el mundo que, a expensas del confinamiento ha vendido por delivery (a domicilio) hasta lo que no existe.

Así las cosas, en el marco venezolano aparece, caminando en la punta de los pies para no caerse acantilado abajo, el fútbol. Detenido, desorientado, sin saber si la calle por donde camina tiene salida, acaba de inventar un campeonato corto, principalmente para conocer cuáles serán los equipos a las copas internacionales de 2021…

Son unas dudas que se levantan, como un tornado de proporciones mayores, al no saber la Federación Venezolana con cuáles equipos contará para echar a andar el carruaje averiado del torneo en cierne. No hay certezas ni claridad, pero es sabido en los círculos futboleros que al menos seis equipos no seguirán.

Abrumados por las deudas, arrastrados por las aguas del naufragio económico, nadan de contracorriente a la espera de que alguien, tal vez la propia Federación, lance un salvavidas: ¿será esto posible? El fútbol nacional, claramente, está dividido en clases: aquellos que mal que bien cuentan con posibilidades económicas para clasificar y asistir a la Libertadores o a la Suramericana, y los que cargan sus almas a la espera de un redentor. Aquellos son los menos; estos, obviamente, son la mayoría…

Entonces, que Dios los agarre confesados. Por el bien del fútbol venezolano es deseable que las cosas vayan saliendo, que se vaya hilvanando un tejido firme, sin entresijos ni grietas visibles, así cueste la vida.

Sin embargo, mucho tememos que para que esto sea posible todo habrá de cambiar, funcional y estructuralmente. Lo hemos dicho: al país futbolero lo salvan los jugadores que andan por el mundo, los muchachos que, uniformados de Vinotinto no dejan que el viento se lleve el castillo de arena donde se refugia el fútbol.

No sabemos, ni queremos imaginar qué va a pasar cuando los experimentados Salomón Rondón, Tomás Rincón y Roberto Rosales, y los de menos edad, Yangel Herrera, Wuilker Fariñez, Yeferson Soteldo y Darwin Machis, todos estos jóvenes de la generación actual, pasen de largo: ¿habrá quien tenga remos para remar y arribar al puerto seguro llamado Mundial?

Nos vemos por ahí.

 

Liderendeportes.com

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