Cristóbal Guerra / Héroes de tapabocas y guantes de látex

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***Entreverados entre los viandantes por la Rambla Canaletas, jugadores del Barcelona vociferan con megáfonos que hay que guardarse en casa y que no tiene sentido ir por las calle de la ciudad a hacer compras innecesarias. Los del Real Madrid, mixturados con los caminantes en el Paseo de La Castellana, cumplen igualmente con su deber humanitario en pro de la comunidad de la capital de España. Todos, los de Cataluña y Madrid, llevan tapabocas y guantes de látex, y sacrifican los lujos y facilidades de sus hogares de mil y una noches por entregarles a todos su sentido humano.

Es la aspiración de muchos, una actitud igualitaria que los médicos del mundo, en vez de sentirse héroes o salvadores de la patria, quisieran ver en atletas famosos. Un grupo de ellos han donado dinero para las campañas contra el virus, pero ¿eso es todo, es así como se puede medir la solidaridad con el prójimo? Tal vez detrás de este clamor de la medicina haya un sentimiento de impotencia, un llamado a la justicia humana.

Para los médicos, los científicos, los especialistas en la investigación, así como los hombres y mujeres entregados en el servicio a los demás, es del mundo irreal que un futbolista gane millones de euros con cada contrato y cada uno de ellos, sumando todo lo obtenido en su vida entregado a la humanidad, no llegue siquiera al diez por ciento.

Es posible que todo esto de los jugadores no sea solo un acto de mezquindad, porque posiblemente ellos, así como figuras de otros deportes profesionales, en el fondo de sus anhelos quisieran andar por las calles de sus ciudades proponiendo apoyos en lugar de estar en sus casas ubicadas en colinas exclusivas entrenando con aparatos de última generación; a un lado de su divismo, son gente común como cualquiera que por estos días camina de la sala al balcón y del balcón a la sala. Es, también, un ropaje de status colocado sobre ellos por la misma sociedad: los han hecho sus seres ideales y ahora quisieran verles destruir sus propias estatuas.

Cuando todo esto pase, cuando la tormenta del virus amaine y haya nacido de nuevo el mundo, cuando la vida vuelva a ser la vida y podamos ir a la calle sin la preocupación de estos días, habrá que ver cómo toman en cada país a sus ídolos: ¿volverán a ser sublimados, semidioses del Parnaso, o serán vistos como hombres comunes en entredicho que han hecho del balón un modo de vida, honesto para muchos, concepto por revisar para otros tantos?

Héroes de verdad verdad

Algunas veces se ha llamado “héroes” a jugadores por una hazaña en un partido o un gol importante. Sin embargo, pensamos que el término debe ser reservado para los héroes de verdad.

Como el norirlandés Harry Gregg, quien luego de ser sobreviviente del avión en el que viajaba el Manchester City, caído a tierra en Munich en 1958, pudo regresar y salvar cuatro vidas. También Jakson Follman, quien volaba en el avión que se estrelló en Medellín con el Chapecoense en su vientre en 2016. Luego de ser rescatado su pierna derecha debió ser amputada, pero con su voluntad de hierro forjado se esforzó y es ahora comentarista en una cadena de televisión.

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