Cristóbal Guerra / Jordan y Maradona “valen” 150 mil

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La temporada 84-85 de la NBA fue la de la fortuna para Khalid Ali, por entonces recogepelotas de Los Angeles Lakers. Unas botas Nike tipo “Air” de juego rojas, blancas y negras, autografiadas por Michael Jordan usadas durante la práctica antes del partido y pedidas por el muchacho de 15 años de edad al astro del baloncesto, se acaban de convertir en una de las piezas más codiciadas del deporte universal: por ellas acaban de pagar en una subasta on line 150 mil dólares.

A la misma vez, una mujer lloraba ante las cámaras de televisión porque una camiseta donada por Diego Armando Maradona había recaudado en una subasta también 150 mil dólares, entregados luego a barrios porteños carentes y que luchan por erradicar el coronavirus.

“Es el más grande”, decía la señora en agradecimiento al gesto del 10. La “playera”, como dicen en el sur, había sido usada por Maradona en la final del Mundial México 86, ganado por la selección argentina, y de ahí su exclusividad.

Dos actos que hablan de la trascendencia del deporte en la sociedad moderna, porque pocas cosas pueden llegar a costar, a menos que sean cuadros de Pablo Picasso o de algunos de los pintores famosos o bustos de escultores clásicos, esa montaña de dinero.

No obstante tener el mismo costo, no es igual el valor de cada objeto. Cambian las intenciones: las botas de Jordan, guardadas en casa de la madre de Khalid Ali, han ido a parar a las vitrinas de un coleccionista caprichoso; la camiseta de Maradona a las necesidades de los pobres de la tierra.

Son dos escenas que señalan los conceptos de los astros en sus sociedades: Jordan, admirado por sus gestas en la cancha, magnificadas en “The last dance” y adorado como ícono del dinero; Maradona, venerado como un santo y emblema espiritual de muchos argentinos, un hecho singular en un país que conoce las andanzas del gran jugador, pero que a la vez perdona todos sus desmanes al hombre que convoca la misma idolatría de Gardel, Perón, Evita, Monzón y Sandro.

Las subastas tienen ese don, ese tipo de atracción para aquellos a los que adquirir un ícono, en este caso del deporte, es todo un logro para tenerlo en la sala de casa y, entre tragos de escocés, regodearse contándole a los amigos las hazañas conseguidas en virtud de aquel maravilloso trofeo.

Recordemos las barajitas de beisbol, algunas de ellas valoradas en millones de dólares. ¿Comprar un cartoncito con una foto y unos numeritos por una fortuna? Tenerla, así como las botas de Jordan o la camiseta de Maradona es todo un detalle. Solo la tiene alguien, y nadie más en esta vida que Dios nos ha regalado.

Esas subastas imposibles

Jugando al subastador, o al martillero como se le dice en la jerga de los millones, pongamos sobre la mesa los objetos imposibles que nunca han ido a la subasta.

Por ejemplo, las camisetas con la que Pelé ganó el tricampeonato mundial, único ser humano en alcanzarlo. O el guante de segunda base de los Yanquis usado por el indio Jim Thorpe luego de ganar un torneo de tenis o de haber competido en una carrera en Juegos Olímpicos como el atleta más completo de la historia. Y para recordar la hazaña de un venezolano, la pelota bateada en la temporada de 1997 por Andrés Galarraga en el Pro Player Stadium de Miami, entonces sede de los Marlins, que viajó 529 pies como uno de los jonrones más largos de la historia del beisbol.

Quien pueda comprar estos recuerdos, pues que alce la voz y ofrezca: ¿cuántos millones de dólares estarán sobre la mesa?

Liderendeportes

http://www.liderendeportes.com/noticias/opiniones/cristobal_guerra/jordan-y-maradona-valen-150-mil/

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