Cristóbal Guerra / Ninguno como él

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              NINGUNO COMO EL

Por Cristóbal Guerra


Cierta vez, en ocasión de la convocatoria para la Copa América de Brasil en 1989, Franco Rizzi y Daniel Nikolac se negaron a asistir pues las condiciones de alojamiento en Caracas y el trato con el futbolista por parte de la Federación Venezolana no eran adecuadas ni respetuosas para un futbolista profesional.

Rizzi y Nikolac, muy arrechos con las autoridades del fútbol se plantaron de frente, y tal vez, desde ahí, con ese acto de honestidad y valentía comenzó el verdadero profesionalismo en Venezuela. Y esa era verdadera personalidad de aquel hombrazo de casi 1,90, aquel titán del área chica que cuando iba al vuelo en busca de la mariposa todos se apartaban.

“!Ahí viene Nikolac, carajo!”, era la voz de alerta del centinela, que podía ser Saúl Maldonado, o José Manuel Rey, todos esos grandes centrales que custodiaron la propiedad del más grande…

¿Dijimos el más grande? Sí, lo dijimos con el permiso del gran César “Guacharaca” Baena, su compañero de generación y rival en el mejor sentido en las selecciones nacionales. Era curioso: para los técnicos del país casi siempre el titular de la Vinotinto era “Guacharaca”, y Daniel, lejos de envidias y maledicencias, lo aceptaba. En la vida esas cosas pasan: no siempre eres el elegido, así seas tan bueno como el otro.

Con Daniel Nikolac compartimos partidos, viajes y largas conversaciones, pero por encima de todo, empatía en la forma de ser. Nos gustaba oírle hablar, opinar de esto y lo otro…

La última vez que lo vimos fue en un estacionamiento, en el este de Caracas, y de nuevo la identificación por gustos y maneras de ver la vida llegó con el aire para respirar…

En la travesía nuestra por el fútbol nacional hemos tenido contacto visual con tantos arqueros. Felipe Mirabal, Luis Volpe, Toni Carrasco, José “Cheo” Gómez, “Guacharaca” Baena. Mas, ninguno como aquel muchacho de acento guayanés, donde vivió parte de su vida, aquel poeta de la cancha que deslumbró a la gente del Colo Colo en una Copa Libertadores jugada con el Marítimo, el club que lo marcó por siempre.

Eran los fines de los años 80, y por entonces la figura del empresario internacional apenas existía. De haber habido ese contacto, Nikolac hubiese llegado quién sabe adónde.

Él se ha ido, pero nos ha dejado ese sabor de haberlo disfrutado a plenitud en su gloria, en su estelaridad, en su grandeza. Y lo dijimos ayer, lo decimos hoy, lo diremos mientras la vida sea vida: ninguno como él.

Ninguno como Daniel Nikolac.

 

Liderendeportes.com

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