El 29 de junio de 1919 muere arrollado por un automóvil en La Pastora, Caracas, “El Siervo de Dios”, como fue llamado José Gregorio Hernández, quien nació en Isnotú, Trujillo, el 26 de octubre de 1864. Estudió bachillerato en Caracas, e ingresa en la Universidad Central en 1884, donde obtuvo el título de Médico en 1888. Cuando se disponía a ejercer la profesión en Caracas, gracias a una beca, designada por el Gobierno de entonces, viaja a Europa para estudiar en París, algunas materias de las que aquí no se tenía gran conocimiento. Fue así como José Gregorio Hernández se preparó con profundidad en las áreas de Microbiología, Histología Normal, Patología, Bacteriología y Fisiología Experimental. Aprovecha el viaje y trae a Caracas equipos para los laboratorios del Hospital Vargas. A su regreso a Venezuela, en 1891, todos sus conocimientos adquiridos los vertió con alma de apóstol en sus alumnos de la Universidad Central de Venezuela. Dicta las cátedras de Histología Normal y Patología, Fisiología Experimental y Bacteriología. Su cátedra más importante fue la de Bacteriología. Además, fue nombrado director del Laboratorio Nacional, haciendo de éste «una copia exacta del de la Escuela de Medicina de la Universidad de París». Se dedicó a la docencia, el ejercicio profesional y a la práctica religiosa. Por esta razón, fue profesor desde 1891 hasta 1916. En dos oportunidades quiso hacerse sacerdote. Los venezolanos lo veneran por sus virtudes como médico y por su vocación religiosa. Por esta razón, desde hace varios años, la Iglesia venezolana inició el proceso de beatificación y canonización de José Gregorio Hernández, teniendo a la vista las virtudes que adornan a este sabio compatriota, que ya es Venerable por resolución del Vaticano.

LA FRASE DE HOY

Las malas leyes hallarán siempre, y contribuirán a formar, hombres peores que ellas, encargados de ejecutarlas.

Concepción Arenal (1820-1893) Escritora y socióloga española.

Deja un comentario