Jorge Leonardo Núñez / Colón es carupanero

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            COLÓN ES CARUPANERO

 Por Jorge Leonardo Núñez

–Encubiertos en la soledad y oscuridad de una medianoche del año 2017, un grupo de neo indígenas carupaneros bajo el mando del cacique de la tribu potencia, lograron vencer ¡heroicamente! –ya no con lanzas ni flechas, sino con gruesas cadenas y un camión grúa- al mayor protagonista de la invasión imperialista europea a nuestro continente americano; hacemos referencia de Cristóbal Colón, quien en ese ataque nocturnal fuera bajado abruptamente del pedestal en el cual había permanecido erguido por más de cien años y desde el cual se enteró que, por su firme permanencia en ese sitio, el Estado venezolano le había distinguido con el honroso reconocimiento de ser Patrimonio Cultural. De allí, de la plaza que aún preserva su nombre, el navegante genovés fue llevado a rastras por nuestros aguerridos neo indígenas y su líder Cacique Potencia, hasta la sede del Minfra, en donde le arrojaron al pavimento entre vítores y alegres cantares.

A los pocos días de tan trascendental hecho, Colón logró ser rescatado y trasladado al Museo Histórico de Carúpano, en donde actualmente se encuentra asilado, en espera de que, por su condición de ser Patrimonio Cultural, las autoridades municipales cumplan lo ordenado por el Instituto de Patrimonio Cultural, ente adscrito al Ministerio del Poder Popular para la Cultura, y se le lleve nuevamente a su plaza, en donde Santa Catalina de Siena espera con ansias volverle a ver erguido, para bendecirle. Ese es el caso de Cristóbal Colón, hijo adoptivo de Carúpano, nos guste o no; y quien, constitucionalmente está amparado por lo expresado en el artículo 99 y en numeral uno del artículo 178 de la Carta Magna.

Pero, revisemos un tanto otras plazas de esta histórica ciudad oriental y hablemos algo de las figuras patriotas que, de una u otra manera, también han sido birlados y burlados por instituciones regionales y municipales, y, en veces, agraviados por el mismo pueblo. Veamos:

El 28 de marzo del año 2012, Sebastián Francisco de Miranda, en la conmemoración de su nacimiento,  fue abiertamente despreciado por la institución municipal bermudense, en servil obediencia a la primera autoridad civil de entonces quien, vestido de Makrorevolucionario, invitó a los distinguidos ediles a dar la espalda al Precursor de nuestra independencia, y así lo hicieron. Ante esa nueva traición, muy seguramente el Generalísimo, creador de nuestra gloriosa bandera, volvería a expresar para sus adentros: “¡Bochinche!, ¡bochinche!”.

También, en recientes años. . .

Al General José Francisco Bermúdez, héroe epónimo de este municipio, en su plaza, al frente del rico mar Caribe, le fue robada la placa en donde estaba inscrito su  nombre que le identificaba ante propios y extraños. Pero ese glorioso nombre sigue grabado en la historia de nuestra Patria y de allí, jamás podrá ser borrado.

El Gran Mariscal de Ayacucho, en su plaza de la urbanización Tío Pedro, una mañana amaneció sin su valerosa espada, seguramente arrancada de sus manos por cobardes obandos santanderistas, quienes a cambio, le dejaron en todo su cuerpo un baño de putrefacto estiércol. Antonio José de Sucre, seguirá siendo el Abel de América !

Peor aún, al vencedor de La Victoria, José Félix Ribas, sencillamente lo desaparecieron de su plaza, probablemente siendo sentenciado a ser ejecutado en el horno crematorio de algún taller de compra y venta de bronce. Para mayor vergüenza, ahora en su ausencia, se ha venido reivindicando el carupanerísimo nombre de esa plaza: ¡La Pepita!. En honor a ese valiente y valeroso Patriota, quienes amamos de conciencia y de corazón a esta VENEZUELA ¡estamos obligados a Vencer!.

Y, nuestro Libertador Simón Bolívar . . . allí está en su destrozada plaza, rodeada de calles de gloriosos nombres, Independencia, Juncal, Pichincha y Monagas. Sí, allí se encuentra el Padre de nuestra Patria, solo; recordado y honrado únicamente los medio días del 24 de julio y del 17 de diciembre. Decepcionado, avergonzado, adolorido y seguramente pensando haber arado en el mar.-.

 

 

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