Por José Ramón Regnault

Juan Vicente Gómez construye, con la paciencia que le caracterizaba, un amplio consenso para producir el golpe de estado perfecto contra su compadre Cipriano Castro; para ello, fue determinante el cansancio nacional generado por el vulgar autoritarismo de  “El cabito”.

Sin embargo, en la medida en que fue descubriendo sus cartas despóticas, a través de reformas constitucionales para eternizarse en el poder, se inician múltiples conspiraciones, sofocadas todas con un ejército que había convertido en soporte de su gobierno.

Entre estos alzamientos destaca la invasión del Falke, quizá el más importante de todos, pues el horizonte era de optimismo por los sucesos estudiantiles de Febrero de 1928 y la crisis existente en la Vicepresidencia de la República.

El descontento de distintos sectores del país es explotado por el general Román Delgado Chalbaud, y confluyen en la constitución de la Junta Suprema para la Liberación de Venezuela, acordada en París el 5 de Julio de 1929, en la casa del carupanero Santos Aníbal Dominici, quien sería su presidente y Delgado, su Director de Guerra y prácticamente financista exclusivo. En dicha reunión participa también Pedro Elías Aristeguieta, a quien se le encomienda la misión de atacar desde tierra.

Con las menguadas finanzas adquieren un viejo vapor en Hamburgo, de nombre Falke, 2000 Mausser calibre 8 mm, dos millones de cartuchos y otros armamentos, para los 19 aventureros. Una vez finiquitados los pormenores de la expedición, zarpan desde Danzig, Polonia, el 19 de julio de 1929. En la travesía deciden cambiar el nombre al barco por el de General Anzoátegui. Después de 17 días de navegación dura y monótona llegan a La Blanquilla y luego de la emoción por desembarcar en territorio patrio, se hacen evidentes las limitaciones tácticas de aquella empresa. Los combatientes que vendrían desde Santo Domingo, al mando de Simón Betancourt no aparecen y jamás lo harán. Sin embargo, ahí están los emisarios de Pedro Elías, con quienes resuelven encontrarse en Peñas Negras, Península de Araya, el 10 de agosto.

Tal como estaba previsto, el Falke llega a Peñas Negras y se reúnen con Pedro Elías y sus hombres, unos 300, fundamentalmente guaiqueríes. Otro percance sigue ensombreciendo el futuro de la invasión, los alzados provenientes del Táchira tampoco dan señales de vida.

El plan era sencillo, Pedro Elías atacaría por Caigüire, y Delgado, desde la Playa El Salado, para encerrar entre esos dos fuegos al General Emilio Fernández y sus hombres, quien a pesar del poco tiempo como Presidente del Estado, está al tanto de la conspiración.

El 11 de agosto, a las cinco de la madrugada, se produce el desembarco. Pedro Elías no llega a la hora acordada y por tal razón Doroteo Flores propone a Delgado esperar para iniciar las acciones cómo está planificado.

Delgado no escucha razones y ordena avanzar por la calle Bermúdez hacia el centro de Cumaná, en tres columnas, una comanda el General Flores, otra el General Francisco Linares Alcántara y la última, bajo su propio comando. Grave error.

Un breve combate decide la suerte de la invasión y la de ambos jefes. Delgado Chalbaud y Emilio Fernández mueren en los primeros intercambios de plomo. Pedro Elías y sus guaquerÍes entran a Cumaná a las 11 de la mañana luego de atravesar el Golfo de Cariaco desde La Angoleta. La tardanza obedece a que el baquiano los había extraviado.

No obstante, tras un recio combate, toman la ciudad el 13 de Agosto, con el apoyo de “tropas” venidas desde Cumanacoa. Muy poco dura la celebración, pues Gómez ya había dispuesto un ataque, hasta por aire, a la ciudad. En la noche de ese día, acosados por el ejército, deciden la retirada vía Tunantal, luego pasan a Mariguitar y suben el cerro El Zamuro. En la retirada pasan por Catuaro, Corozal, Santa María, hasta llegar a Santa Ana de El Pilar, el 21 de agosto. Mientras descansan los sorprende el ejército, y a pesar que terminan venciendo en la pequeña escaramuza, Pedro Elías cae mortalmente herido, una bala le perfora la Ingle.
Todo está perdido, los rebeldes pactan una capitulación y acto seguido son trasladados a Carúpano, donde muere Pedro Elías, a las 7 y 30 am del 27 de agosto de 1929.

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