La Cuarentena y Distanciamiento Social redujo a tres “mis tristes putas de la Colón”

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Un trabajo de investigación con un rango superior de respeto a estas damiselas y en tributo al premio nobel de literatura y escritor de la obra “Memoria de mis putas tristes”

Texto: Otilio Rodríguez

De las diez mujeres que hace tres meses se dedicaban a ejercer el oficio más antiguo del mundo en la huérfana plaza Colón de la ciudad de Carúpano, solo tres sobreviven en medio de la Cuarentena y Distanciamiento Social. 

Aun cuando este oficio no está registrado oficialmente en Venezuela como una actividad comercial, ni tampoco es identificado con exactitud como una de las actividades que sufrieron restricciones producto del decreto presidencial que busca prevenir y evitar la propagación del coronavirus, ·mis tristes putas de la Colón”, se encuentran actualmente en medio de otra crisis, en medio de otro dilema….Si trabajar en la clandestinidad o atreverse a prestar sus servicios a domicilio., ya que a distancia (online) definitivamente no se puede y es además imposible.

“Estamos desesperadas, ninguna autoridad local o regional nos apoyan ni tampoco lo han hecho desde el 2014, fecha en la cual comenzamos a utilizar la plaza”, así se expresó al Carupanero Web una de las chicas que por respeto quisimos proteger su identidad, pero que es pública y notoria su presencia diaria en la Colón que hoy desea que las autoridades restituyan su histórico epónimo.

Otra de nuestras amigas confesó que a pesar del aislamiento social y radical convocado por Maduro, “su teléfono recibe de dos a tres llamadas al día”. El alquiler o la habitación no es problema, ya que algunos lugares del casco central de Carúpano, no han dejado de trabajar, continúan laborando, pero de 8:00am a 12:00m.

Las precauciones y las prevenciones son las mismas de siempre, “usa el preservativo, con o sin tapabocas, cobran por adelantado (en efectivo, pago móvil, transferencia o compra de algunos productos de la cesta básica). Esos son los modos de pago antes y durante la duración de la cuarentena social por el coronavirus.

“A falta de pensionados, surgen los clientes habituales que ya tienen sus números de contacto. Su identidad no es lo relevante, su procedencia tampoco, lo importante es que la respeten y tener especial compasión por la rutina diaria que les toca vivir en tiempos de cólera”, expresó la más joven.

Casi nadie las toma en cuenta ni la valoran, al contrario la discriminan con peyorativos discursos adobados por las normas sociales impuestas por nuestros padres y abuelos. Seguramente muchos argumentaran que ellas…. Mis Tristes Putas de la Colón no merecen siquiera el más mínimo de los respetos, lo cierto es que están tan desasistidas como la plaza del genocida almirante Cristóbal Colón, efigie que después de haber pernotado por más de un centenar de lunas, fue secuestrado y posteriormente desaparecido sin antes despedirse de sus visitantes, afortunadamente protegido a tiempo por las autoridades del Museo Histórico de Carúpano, que lo adoptó antes que fuera fundido en “mantequilla de bronce”.

Hasta ellas extrañan la presencia del navegante genovés que bien o mal era Colón y no otro, quien la custodiaba cuando decidían pasar la noche sobre un banco de la plaza, ya que muchas veces lo que ganan al día no les alcanza para pagar una habitación de hotel.

Mis Tristes Putas de la Colón son hijas, hermanas mayores, madres e incluso parejas de privados de libertad residentes en la Policía Estadal y Centro de Formación “Hombres Nuevos Carúpano”. Otras con menos fortuna son explotadas sexualmente por sus propias parejas, quienes la acompañan durante el día no tanto para protegerlas sino para contabilizar sus posibles ganancias o sencillamente para fiscalizar y supervisar con sus propios ojos si sus trabajadoras parejas contaron o no con un día favorable.

Si lo antes narrado lo considera apremiante, sorprendente y relativamente opuesto y muy separado de la percepción real que hasta este momento tenía de la cotidianidad de las putas de Colón, deténgase que aún faltan penurias por revelar.

¿Dónde se encuentran la mayoría?

Si fueron para otras plazas o espacios públicos de Venezuela, otras renunciaron al oficio, pero algunas temerarias se atrevieron a migrar a Colombia y Trinidad y Tobago. Las que decidieron marcharse a la hermana república fronteriza, aseguran estar pasando penurias por la crisis del covid-19, pero siempre buscan todas las formas posibles para sortear los problemas, peligros y restricciones sociales o gubernamentales. En cambio, aquellas que afirmaron viajar a la Isla vecina, apenas dos se han comunicado con las residentes de la plaza Colón, el resto se desconoce su paradero. “Mis tristes putas de la Colón, temen que hayan naufragado o estén secuestradas por algún proxeneta o mafia dedicada a la trata de personas. 

Este es tercer capítulo de una crónica diaria que todos y todas son testigos presenciales, pero nadie da un paso al frente para apoyar a un colectivo cada vez más reducido, confinado y golpeado por la severa crisis estructural que atraviesa la ciudad de Carúpano social y moralmente.

 

 

 

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