El nuevo tropiezo azulgrana tuvo una lectura en el vestuario del Barsa sin demasiada autocrítica y sí cargada de mucha dosis de tranquilidad, tanto que después de haber sido incapaz de marcarle un tanto al Slavia de Praga (0-0) lo que quiso transmitir el grupo barcelonista es que el aficionado tiene que tener paciencia, que una victoria ante el Celta lo puede arreglar todo y que, en consecuencia, no hay nada de que preocuparse.

Con los números en la mesa, al Barcelona solo le queda ganar al Borussia Dortmund en la siguiente jornada para acabar primero de grupo en la Liga de Campeones y dejar como irrelevante el último partido contra el Inter. Por lo tanto, según el punto de vista del vestuario, parece que no hay motivo para la crítica o la preocupación que se destila en el entorno azulgrana con el equipo.

Esta crítica, en cambio, tiene más que ver con las percepciones que con los números, ya que si bien es cierto que tanto en la Liga como en la Copa de Campeones el Barcelona trasmite liderazgo por las posiciones que ocupa (primero en ambas competiciones), la verdad también revela que el equipo catalán cada día juega peor, lo que le está llevando a acumular ya muchos partidos de mala calidad, unidos a derrotas irreprochables.

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