Con Pensamiento Crítico.

Por: Pedro Antonio Rojas (0426-198 6330)

En cajas o en bolsas, el ejecutivo nacional adopto un mecanismo de distribución de alimentos con el propósito de atender los escases de bienes esenciales para la nutrición de la población, intentando, a la vez, garantizar el acceso a estos, buscando contrarrestar la exorbitante disminución del poder adquisitivo producto de la inflación reinante en nuestro país, y la llamada guerra económica.

Este mecanismo de distribución de alimentos, posteriormente se  convirtió, de manera perversa, en una herramienta política importante del oficialismo,  para aumentar su intención de voto en los eventos electorales sucesivos, lo cual empezó a generar incomodidad a la población.

Dada la importancia del Clap para palear la situación alimentaria existente que vive el venezolano ocasionada por los altos costos de los bienes necesarios para la subsistencia, los disminuidos sueldos y salarios recibidos y el bajo poder adquisitivo actual, el Clap ha llegado a convertirse en la manzana de la discordia del soberano.

Este mecanismo de distribución de raciones de alimentos a la población nació con algunas fallas en su proceso de empaque y distribución que, a pesar del tiempo, no han sido corregidas, sino por el contrario se han venido agravando mucho más.

Quejas en el costo del Clap, la cantidad y calidad de los alimentos, y la frecuencia en la entrega, son las más comunes y comentadas por la población, que no recibe explicación convincente por parte de los miembros de los comités locales de abastecimiento.

Pasan los meses y aun la organización de los Clap no convence a la población, del porque las cajas llegan abiertas?, que? y cuáles? son los productos contentivos en la caja, y tampoco dan explicación de la entrega más frecuente en unas zonas en comparación con otras que reciben el beneficio cada tres o cuatro meses.

Estas interrogantes, no atendidas convincentemente por los responsables del Clap, ha terminado creando discordia entre vecinos beneficiarios y  los organizadores  del  cobro y entrega de la ración alimentaria motivado a que los “beneficiarios” responsabilizan a los integrantes  del comité local de las deficiencias existentes en este proceso, y sobremanera de saquear las cajas puesto que su contenido varia al ser comparados con las cajas entregadas en otros sectores vecinos de la población.

Los vecinos integrantes de los comités locales de abastecimiento y producción terminan siendo acusados de saqueadores de las cajas y bachaqueros de los productos contentivos en la ración alimentaria, generando discordia y enemistad entre vecinos y amigos de las comunidades.

Entre las discusiones y planteamientos de la sabiduría popular se escuchan propuestas para evitar los malos entendidos y aclarar la situación de este proceso de distribución, pero, no se recibe una respuesta satisfactoria por parte de la organización CLAP.

Pareciera que no han encontrado un método científico adecuado que permita reducir la incertidumbre e inconformidad del beneficiario, si no por el contrario el proceso de empaque y distribución se considera el adecuado para generar la anarquía necesaria para obrar en beneficio propio de los que, por encima de las criticas y cuestionamientos, prefieren quedarse con gran parte de los botín de mayor interés comercial para venderlos a precio inflacionario.

Y que se puede decir de los censos familiares relacionados con el clap, que determinan la cantidad de cajas a distribuir por sectores. Cada entrega genera un nuevo censo y cada vez la comunidad observa y comenta que entre los miembros del comité local se reparten las cajas excedentes, siendo que estas pudieran satisfacer a otra familia, en cualquier localidad del país, o beneficiar a los discapacitados e incapacitados de la localidad que no reciben el beneficio.

La discreción, en vez de la aplicación justa, racional y equilibrada con criterio técnico firme reinan en el proceso de distribución y continúan abonando el camino para la duda, la inconformidad, la crítica y la desconfianza motivados por el injusto aprovechamiento del esfuerzo del ejecutivo para suavizar la difícil y complicada situación alimentaria del colectivo.

Evaluar la posibilidad  en empacar los alimentos en un envase presentado y contentivo de la lista de bienes a entregar en cada distribución seria una manera práctica y sencilla  de contribuir a alimentar la paz, la concordia y las buenas relaciones entre el ejecutivo, los comités locales y la comunidad.

Hasta otra oportunidad…….

 

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