Los peregrinos extranjeros eligen pueblos del Bierzo para vivir y abrir negocio

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MANUEL FÉLIX | TRABADELO.- El Camino de Santiago ha marcado sus vidas, o al menos un cambio de rumbo integral en ellas. Son peregrinos extranjeros, procedentes de todas las esquinas de mundo que, a su paso por el Bierzo, han decidido dejar atrás en la mayoría de los casos su espacio de confort, y vivir en esta comarca de una manera más sosegada, más sencilla. Y con un pequeño negocio que les da para vivir e «ir tirando», sin grandes complicaciones.

Más que un negocio —dicen todos los consultados— es una forma de vida. Les gusta el contacto con la naturaleza, les brillan los ojos ante una huerta con lechugas crecidas. Disfrutan socializando con los cientos de peregrinos que pasan junto a sus locales y enriquecerse intercambiando pareceres. «Es el Internet sin cables, el del boca a boca», comentan y coinciden tanto holandeses como australianos, húngaros, belgas o americanos con los que este periódico ha hablado sobre el terreno para confeccionar este reportaje.

Cada vez son más los extranjeros que ponen sus ojos al pie de la Ruta Jacobea para vivir, para hacer de la filosofía del camino y de las sinergias económicas que genera, su estilo vital

La mayoría de los que ha optado por ello eligen el sector servicios, como ayuda y oferta para el peregrino. Son albergues, restaurantes y pequeños hoteles rurales. También está proliferando mucho una especie de centro social y cultural de intercambio, en el que se realizan diversidad de talleres formativos relacionados con la salud, lo espiritual y lo físico. Es así como se ofrecen talleres de yoga y de otras variantes que vienen enriquecidas por la aportación de las diferentes razas y nacionalidades de peregrinos de paso, de todo el mundo.

La gran mayoría, en sus comienzos, tiene dificultades con el idioma español. El inglés parece ser el nexo de todos ellos, aún cuando —al menos en el Bierzo— todos los peregrinos se esfuerzan por perfeccionar el habla de Cervantes o Delibes. Los hay que incluso, como una forma de aportar ingresos (en algunos casos lo hacen gratis), ofrecen clases de inglés.

El espíritu de ayuda y bondad del Camino hace que, en buena medida, se aprecie en los pequeños negocios que abren estos peregrinos extranjeros. Y eso porque se trata de una elección, no de una imposición u obligación. No trabajan para acumular, trabajan lo imprescindible para disfrutar de la vida, aún cuando, —«como todo el mundo», comentan— tienen sus días buenos y también los malos, según refieren.

Los hay que acaban de llegar prácticamente, con dos años de experiencia, pero la gran mayoría de los consultados acumulan experiencia de vida junto a la Ruta Jacobea desde hace ya una década. La mayoría cuenta que ha llegado para quedarse. http://www.diariodeleon.es

 

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