«Mano e´ Piedra» Durán sopla 69 velitas

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Roberto “Manos de Piedra” Durán cumplió este martes  69 años y recordamos algunos de sus grandes momentos pugilísticos vividos en junio.

“Nací en los brazos de mi abuela, doña Ceferina García, el 16 de junio de 1951 y me dieron el nombre de Roberto Durán Samaniego. Mi madre llegaba tarde a todo y ni siquiera logró llegar a tiempo al hospital (…) Nací en Casa de Piedra, en la avenida A, número 147, cuarto 96, en El Chorrillo, un barrio de clase trabajadora”, cuenta en su libro “Yo soy Durán / Mi autobiografía”, escrito junto con George Díaz.

Encontró su razón de ser en el boxeo. El Cholo pasó a ser Manos de Piedra y fundamentó su leyenda pelea a pelea. A lo largo de 119 combates, de los cuales se impuso en 103 (70 antes del límite) y 16 derrotas, para un total de 821 asaltos efectuados, según Boxrec.

Debutó como rentado el 23 de febrero de 1968, a los 16 años, cuando venció por puntos en Panamá a Carlos Mendoza. Hizo su última pelea el 14 de julio de 2001, cuando perdió por puntos con Héctor Camacho en Denver, a los 50. Combatió a lo largo de cinco décadas.

“Morí en una mesa de operaciones en un hospital de Buenos Aires. Estuve muerto durante 30 segundos o, al menos, eso es lo que me han contado. El 4 de octubre de 2001 sufrí un grave accidente de tráfico con mi hijo, Chavo” cuenta en su libro. Las lesiones sufridas le impidieron continuar boxeando.

¿Cuántas cosas se pueden escribir sobre él que no hayan sido publicadas antes? Seguramente pocas.

Tuvo en su esquina a dos próceres del boxeo de los tiempos románticos (bueno, no tan románticos en realidad) como Ray Arcel o Freddie Brown. Cuando tenía 21 años recién cumplidos, se consagró campeón mundial de los ligeros ante Ken Buchanan en el Madison: 26 de junio de 1972.

Y desde entonces, más que nunca, junio, el mes de su cumpleaños fue también importante en su carrera. Casi siempre con victorias. La del 20 de junio de 1980 ante Ray Sugar Leonard, por el campeonato mundial de los welters… Aquella del 16 de junio del 83, cuando en un Madison cubierto de banderitas panameñas, despachó a Davey Moore, por el título mundial de los medianos junior, noche de gran regreso tras el “No más” en la revancha ante Leonard.Cara y cruz de la vida. Cuando volvió a Panamá, después de la victoria ante Leonard, lo recibieron como a un héroe. Cuando regresó de Nueva Orleans, tras la derrota ante Sugar Ray, no lo esperó nadie.

El que estuvo en el Luna Park entrenando para Davey Moore, o haciendo una exhibición con su ex rival Jorge Castro, en su despedida del boxeo. El que convoca siempre porque dejó todo en el ring. El que, para la mayoría de los expertos, es el más grande boxeador Latino y uno de los más grandes ligeros de la historia. El que tuvo la propia película de su vida.

En junio le ganó a José Peterson, a Carlos Palomino, a Héctor Macho Camacho, a Jorge Fernando Castro, a Héctor Thompson, a Pat Lawlor… El que enloqueció a los fanáticos en el estadio Nuevo Panamá que hoy, justicieramente, lleva su nombre.

Cumple años Roberto, El Cholo o Manos de Piedra, como se lo quiera llamar, y cumple años una leyenda de nuestro tiempo y nuestra juventud. El que inventó aquello de que “Viejo es el viento y sigue soplando”. El que en las solitarias tardes de un domingo cualquiera, volverá a aparecer desde un video levantando los brazos, dando guerra, con su sonrisa burlona, ofreciendo su mandíbula, con aquel pantalón negro y la barba crecida, para alegrarnos la vida con sus batallas, con su corazón de campeón.

“Un día me acerqué a él –nos contó el argentino Luis Spada, radicado prácticamente toda su vida en Panamá- y le dije que, si hacía falta, yo le iba a llevar el balde, pero que tenía que volver a boxear, tenía que volver a ganar”. Y volvió y le ganó a Davey Moore.

Fue un 15 de junio del 84, cuando perdió malamente por nocaut ante Thomas Hearns, pero se sabe, es Durán, “Manos de Piedra”, hombre hecho a lo bueno y a lo malo, siempre orgulloso, siempre peleador de raza y estirpe.

Perdió con Marvin Hagler por estrecho margen, pero se consagró campeón mundial de los medianos –sí, campeón del mundo en cuatro divisiones- frente a Iran Barkley, el 14 de febrero de 1989.

Durán, el de la risa fácil, y los enojos fuertes. El que a veces dice que “Aprendí a boxear viendo las películas de John Wayne”, y otras veces dice que no admiró a nadie, y otras que su gran felicidad fue cuando se consagró campeón ligero en el Madison, “Como el gran Ismael Laguna, que fue mi ídolo”.

El que es el invitado de todos, porque es el querido de todos. Capaz de cerrar la fiesta de la WBO en Panamá, cantando como el mejor, o de asistir en China a la Convención de la WBA y robarse parte del show. El amigo de José Sulaimán, de Mauricio, de Paco Valcárcel o de Gilbertico Jesús Mendoza, porque todos quieren (queremos) tenerlo cerca, aunque sea por un rato.

 

 

Liderendeportes.com

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