No conocí al fulano “genocida”, solamente paso por la plaza en Carúpano y no veo la estatua de Colón

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Ya he leído suficiente material bibliográfico, he escuchado historias, cuentos, leyendas, artículos de prensa, opinión y videos, referidos a Cristóbal Colón.

A mis cincuenta y “un pico corto” de edad, recuerdo parte de las enseñanzas de mis maestros en la Escuela “Eustoquia Soledad Luiggi” de Macarapana, allá me remonto para estas fechas del 12 de Octubre, y nos explicaban con tiza y borrador, “la obra de Colón”, y se referían a esa fecha como el “Día de la Raza”.

Así fuimos creciendo, no le daba mucha importancia a esos asuntos, hasta que fui promovido al primer año de bachillerato (la escuela de Macarapana ofrecía hasta el sexto grado), y mis padres me inscribieron en el liceo “Pedro José Salazar Sánchez”, fue cuando viví la experiencia de sentarme en uno de los bancos de la plaza Colón de Carúpano.

Recuerdo, que un grupo de compañeros caminábamos desde el liceo Pedro José, hasta donde estaba ubicada la “Natura”, por la calle Carabobo, donde vendían unos jugos naturales y helados de inigualable sabor, y siempre las tertulias terminaban en los bancos de la plaza Colón.

Mirábamos la estatua, estudiábamos, compartíamos, y hasta aprovechábamos para resolver asuntos de jóvenes parejas, pero “Colón” siempre estaba allí.

Aquellas clases tan bien explicadas por nuestros maestros de primaria, entre ellas la “Negra” Iris de Miranda, la maestra “Rosa”, o “Servilia”, y las actividades culturales alusivas a la fecha, coordinadas por el maestro Lorenzo Rojas Paz (+), resultaban una verdadera cátedra de historia Universal. No quedaba espacio para la duda, y el Almirante Cristóbal Colón, salía muy bien parado en esas enseñanzas.

Repito, así fuimos creciendo. Más adelante en la universidad, en coloquios, foros, y dando vistazos a los libros, se presentaba otra cara de Colón. Que si era un genocida, estafador, embaucador, y cuantos calificativos negativos podían adosársele.

Centrándome en el título de mi artículo, voy a repetir que no conocí (por razones obvias) al fulano genocida, nunca pude mirarlo, ni hablar con él, su vida había pasado “años luces”, antes de mi nacimiento. Lo que sí recuerdo, es esa estatua que estaba en esa plaza. Y con un grado de tristeza, paso por allí, y van dos años que no está colocada en su lugar.

No quiero polemizar con nadie, por ideología, pensamiento, o fanatismo, esa no es la intención de mi escrito. En este caso si alguna defensa hago, es la que se refiere a la identidad patrimonial de la ciudad donde nací, no me interesan “los cuentos del Almirante”, pero si me preocupa que se quitó de ahí una estatua que había sido apreciada por cantidades de generaciones de Carupaneros y visitantes, y hasta el momento, no se tenga una información clara, del porqué esa acción antipopular en nuestro territorio.

Comprendo que nuestro país, y Carúpano no escapa de la polarización, que desencadena en seguidores (hasta enfermizos) de un bando y de otro. Y tal vez, cuando salga este artículo al público, comenzarán comentarios de uno u otro lado, “buscando las 7 patas del gato”, y tranquilamente vuelvo y repito a todos, cada quien tiene derecho a pensar como quiera. Solamente tomé el ordenador esta vez, para protestar una medida antipopular, lo otro sobre la vida de “Colón”, me importa muy poco.

Eso era todo lo que quería transmitir a ustedes hoy, aprovechando la fecha del 12 de Octubre, conocida ahora como el Día de la Resistencia Indígena.  Muchas gracias por leer. Por: Pedro (Caña) Ramírez / Periodista. 

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