Por Beltrán Vallejo

Vallejobelis3@gmail.com

En principio, desde este espacio pido disculpas por algunas expresiones de mi parte sobre la señora Michelle Bachelet, publicadas en un artículo anterior y a través de Facebook. En ese orden de ideas, debo también reconocer que desde la perspectiva del organismo internacional para quien ella trabaja, su informe definitivo sobre Venezuela es severo. Por supuesto, quizás no esté en sus funciones, pero esperamos que su trabajo abone en un expediente que algún día deberá coronar en la Corte Penal Internacional para desgracia de la crápula de Miraflores y Fuerte Tiuna.

Pero hoy mis palabras se dirigen hacia esa bagatela determinista llamada “progresismo”, y para eso cae muy oportuno el Informe de Bachelet, que ha roto la grosera cristalería con la que se cubre el régimen de Maduro en un mundo hipócrita y manipulador a nivel internacional, mundo que todavía lo defiende con el calificativo de “anti imperialista”, o simplemente lo arropa como una víctima indefensa de una macro conspiración dirigida por el más malo de los malos, los EEUU. Claro, entendiendo que una parte de ese pronunciamiento es simplemente tarifado en progresistas que son de “caviar” y de “Champagne”.

¿Quién puede decir que Bachelet es una derechista irredenta? Es más, esta señora simboliza la resistencia sacrificada por las formas de opresión más brutales, certificado eso en su propia hoja de vida signada por el calvario de su padre, el general de brigada chileno, Alberto Bachelet, miembro del gobierno de Salvador Allende, hecho preso a raíz del golpe de Augusto Pinochet, y que falleció en el tormento de la tortura. La misma señora Bachelet y su madre también fueron sometidas al suplicio, y no terminaron en una fosa común gracias a algunas amistades dentro del régimen, quienes obtuvieron su liberación que les permitió el exilio. ¿Quién más que ella para sacudir a ese progresismo acabronado a nivel mundial, que todavía concibe a Maduro como un Robin Hood? Incluso, aquí en Venezuela también hay un sinnúmero de pendejos y debiluchos en lo conceptual y ético en eso de ser “progresista”, y que todavía hacen defensas desangeladas de eso horrible que engloba a Maduro, a Diosdado, a los hermanitos Rodríguez, a Padrino López y demás fauna, o hasta intentan edulcorar la realidad planteando un escenario aséptico de reuniones palaciegas y negociaciones mendigantes.

Ahora bien, con este informe de Bachelet, que pinta al régimen como lo que es, una suciedad, ¿qué dirá Ramonet?, ese bacalao de la izquierda dolarizada y mediática; ¿qué dirá Andrés Manuel López Obrador?, que cada día pinta como un fraude para el coro de la ilusión izquierdista, y que en estos tiempos mantiene una neutralidad irresponsable y sin hidalguía para con el régimen de Maduro, todo un escupitajo para la iconografía justiciera de un Emiliano Zapata; ¿qué dirá un Pablo Iglesia, y ese otro fraude españolete que es PODEMOS?, hoy convertidos en una gran decepción europea, y cuyo uno de sus asesores vino a echar varilla por acá en el desastre del manejo económico alocado de Chávez y de Maduro.

Pero sobre todo, ese informe de Bachelet debe pegarle duro en la cabeza a algunos “vivo-pendejos” de esta Venezuela que da para todo en política, menos para civilidad. Me refiero a esos “políticamente correctos” de un Henry Falcón, de un Claudio Fermín, de un hablador de pistoladas como Ochoa Antich, entre otros, quienes creen que están haciendo política entre políticos en tiempos normales donde hay legalidad, elecciones, instituciones y demás ilusiones ópticas y auditivas. ¡No, mano; estamos en dictadura! El informe de Bachelet aclara eso. Actuemos en consecuencia.

BELTRAN VALLEJO

Vallejobelis3@gmail.com

Deja un comentario