Ramón Guillermo Aveledo/El perdón del valiente

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EL PERDÓN DEL VALIENTE

Por Ramón Guillermo Aveledo

“No tengáis miedo” dijo el Papa polaco con profunda resonancia evangélica. Esa podría considerarse la consigna de Karol Wojtyla, el Pontífice elevado a los altares junto a Juan XXIII, el bondadoso. Ambos, por cierto, autores de grandes encíclicas sociales, porque libertad y solidaridad no están reñidas.

El 13 de mayo (ayer) se cumplen 39 años del atentado, precisamente en la misma plaza vaticana contra Juan Pablo II. Uno en el codo derecho, otro en la mano izquierda, dos en el abdomen, fueron los disparos de  Mohamed Ali Agca, turco y musulmán, cuyos contactos en Bulgaria hicieron circular la teoría de una conspiración de presunta inspiración soviética sobre el intento de asesinato. En los altos niveles de la CIA se creyó que era así. De otros lados vendrían versiones del terrorismo de derecha de los “Lobos grises” y el fundamentalismo. Las versiones se disiparon en el planeta de las fake news ahora tan poblado. Aunque con motivo de su elección, primer Papa no italiano en cuatro siglos y medio y primero eslavo en la historia, el entonces jefe de la KGB Yuri Andropov, luego jefe del Partido Comunista, había advertido al Politburó de la amenaza que vendría. Sugerentes ingredientes para la duda y la especulación, pero nada prueba esa conexión: El estadista italiano Giulio Andreotti, siempre cercano al Vaticano, apoyó al Papa y a la Santa Sede en su línea de prudencia frente a la teoría conspirativa, tan atractiva para cierto morbo. Al final, son muchos más los indicios de una acción solitaria.

Los biógrafos Bernstein y Politi consideran el atentado como “uno de los grandes misterios del siglo”, reseñan pregunta al propio Santo Padre ¿por qué no había seguido el juicio a Agca? “No me interesa, porque esto fue obra del diablo. Y el diablo puede obrar de mil maneras y ninguna de ellas me interesa”.

El 23 de diciembre de 1983, Juan Pablo II visitó a Agca en la cárcel y conversaron veinte minutos. La imagen evidencia del perdón dieron la vuelta al mundo. El Papa perdonaba el intento de asesinarlo. Y a su solicitud, el Presidente Ciampi lo indultó. La enseñanza es profunda, tan evangélica como su “No tengáis miedo”. El amor cristiano no excluye ni siquiera al enemigo. Se perdona a quién te ha hecho mal. Juan Pablo II que padeció los dos, considera al nazismo y el comunismo “ideologías del mal”, coincido. Su perdón genuino queda ahí, como un regalo a nuestra conciencia atribulada. En caso de emergencia, rompa el vidrio.

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