Ramón Guillermo Aveledo / Vecino y ciudadano

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VECINO Y CIUDADANO

Me gusta insistir en la raíz histórica de la institución local, porque municipio y ciudadanía no son “habladurías por conversa” que diría el poeta yaracuyano. Tan lejos como en 1939, Mario Briceño Iragorry nos habla de lo respetable del municipio como “institución política americana”, pues: “En el Ayuntamiento colonial tuvo segura ciudadela la esencia de la rebeldía española y, entre nosotros, se apagó la República mientras dichos cuerpos sufrieron la capitis diminutio máxima a que fueron sometidos por la autocracia de nuestra dictaduras seriales”.

Democracia, república y municipio están aquí inseparablemente unidos. Hubo municipio antes que república y en él se incubó la autodeterminación de estos pueblos nuevos. La aspiración de soberanía germinó en el cabildo colonial y, en contraste, las dictaduras de nuestra república se han cuidado de debilitarlo, de reducirlo, de eclipsarlo.

Pero nunca lo olvidemos. El municipio es ciertamente una institución jurídica y una instancia de poder político, pero antes que eso una realidad social. Reunión y posibilidad humana, resultado de lo que sus hombres y mujeres hacen de él, en su modo de convivir y sus maneras de progresar.

Por eso, comprendiendo como comprendo y a veces comparto dudas y reticencias, el 21 de noviembre no voy a desertar de mi deber con la comunidad donde vivo, donde nacieron mis hijos, para la que quiero un futuro mejor que su presente de angustias, decepciones que nunca abaten nuestro inexpropiable derecho a la esperanza. Voy a votar.

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