24 de Junio 2018.- “El crecimiento del turismo español no es sostenible”. La sentencia la soltó el máximo ejecutivo de la mayor hotelera española ante centenares de ejecutivos del sector. Unos asentían, otros apretaban los dientes.

“España ha pasado de recibir 60 millones de turistas en 2013 a tener 82 millones en 2017. Eso es un incremento del 40% en seis años. Es insostenible”, proclamó gravemente Gabriel Escarrer, consejero delegado de Meliá, en vísperas de la última Fitur, una de las grandes citas de la industria turística a escala global.

“Debatamos de una vez qué modelo de turismo queremos en España y en cada comunidad autónoma”. 2018 se está convirtiendo en una “locura” con tantos turistas en España.

Y es que España se ha instalado en un boom del turismo -marcado especialmente por el aluvión de llegadas de viajeros extranjeros- que durante años se ha venido sintiendo casi como inagotable. El año 2017 se convirtió en el quinto consecutivo en que España batió récord de llegadas de turistas internacionales.

Se rozaron los 82 millones de turistas internacionales, una cota inimaginable hasta hace no tanto para los propios profesionales del sector (hace menos de una década una consultora elaboró un estudio sobre cómo alcanzar los 75 millones de turistas y, entre medias sonrisas y manos en la cabeza, la sensación generalizada en el sector fue la de que se les había ido la mano a los analistas).

Once turistas por habitante: así es el mapa de las regiones más saturadas por el turismo

España acumula cuatro años consecutivos con récord de llegadas de turistas internacionales. Y 2017 será el quinto. El aluvión de llegadas de viajeros extranjeros y la recuperación de la demanda […]

El boom de llegadas de viajeros internacionales –al que se suman los idénticos efectos provocados por el aluvión simultáneo de turistas españoles, cuya demanda también crece con fuerza- ha puesto en cuestión cuáles son los límites de la capacidad de carga de determinados destinos españoles. ¿Cuántos turistas más pueden venir? ¿Dónde se sitúa el límite de afluencia de viajeros nacionales e internacionales de un municipio, una isla o una región?

¿121.045.000 turistas en 2028?

El español es un modelo turístico que se ha caracterizado por asentarse en el turismo de masas (tradicionalmente competimos por volumen de clientes y precio, más que por calidad y alto valor añadido), y en el que la mayoría de los viajes se concentran en destinos cuya oferta es de sol y playa (escasa diversificación) y lo hacen en los meses de verano (estacionalidad). Hay otros nichos, hay otros turismos, pero el grueso del negocio es ése.

El desigual reparto del negocio por zonas del país ha provocado que en algunas regiones se haya despertado un evidente malestar social y empiece a cundir en la ciudadanía la sensación subjetiva de saturación. E incluso se ha puesto sobre la mesa abiertamente el debate sobre la posibilidad de usar fórmulas para poner freno a las llegadas de turistas e impedir el desarrollo de nuevas plazas de alojamiento (hoteleras o de pisos turísticos, cuya oferta se ha disparado al calor del éxito de plataformas como Airbnb).

A pesar de ello, algunas previsiones auguran aún un fortísimo incremento de las llegadas a medio plazo. Un reciente informe del Consejo Mundial de Viajes y Turismo (WTTC, por sus siglas en inglés), una suerte de think tank internacional de la industria turística, pronostica que España seguirá batiendo récords de llegadas año tras año durante la próxima década.

En Baleares sólo caben 623.624 turistas a la vez… por ley

Baleares quiere evitar la saturación de las islas por una llegada excesiva de turistas. Y lo hace de la manera más lógica: estableciendo un número máximo de plazas de alojamiento.

¿Dónde vamos a meter a 120 millones de turistas tal como es hoy el turismo español?”, se pregunta otro directivo

Hay un mantra entre los profesionales del turismo español, uno de esos que se proclama en cada foro sectorial desde hace años (¿décadas?) y en el que todo el mundo está de acuerdo. Es aquel que apunta que España debe competir con una oferta de calidad, con un producto de alto valor añadido, dirigido a turistas de alto poder adquisitivo… “Antes de pensar en que vengan más turistas, vamos a pensar cómo hacemos para que dejen más dinero”, resume un hotelero. Y lo dice con gesto serio.

Las grandes hoteleras se han puesto a ello, con millonarios planes de reformas de sus establecimientos para elevar su categoría y poder subir en paralelo sus precios y su rentabilidad. Pero el sector sigue dominado por el modelo del turismo de masas y barato, en el que aumentar o mantener los grandes volúmenes de clientes es clave. Trabajo de investigación del periódico El Independiente.-

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